viernes, 10 de noviembre de 2017

Dioses de la Mitología Griega 1 - Documental

UN ENCUENTRO CON ....HOMERO


Un encuentro con el enigma homérico...
Ana Luisa Morán

     Homero (en griego antiguo Ὅμηρος Hómērosc. siglo VIII a. C.) es el nombre dado al aedo griego antiguo a quien tradicionalmente se le atribuye la autoría de las principales poesías épicas griegas —la Ilíada y la Odisea—. Desde el período helenístico se ha cuestionado si el autor de ambas obras épicas fue la misma persona; sin embargo, antes no solo no existían estas dudas sino que la Ilíada y la Odisea eran considerados relatos históricos reales.
Es el pilar sobre el que se apoya la épica grecolatina y, por ende, la literatura occidental.
Biografía del escritor
En la figura de Homero confluyen realidad y leyenda. La tradición sostenía que Homero era ciego y varios reclamaban ser su lugar de nacimiento: Quíos, Salamina, Esmirna, Colofón, Atenas, Argos, Rodas, Pilos, Cumas e Itaca.






Isla de  Ítaca              ITACA
El Himno homérico a Apolo delio menciona «que es un ciego que reside en Quíos, la rocosa». El poeta lírico Simónides de Amorgos atribuye al «hombre de Quíos» el siguiente verso de la Ilíada, «¿Por qué me preguntas mi linaje? Como el linaje de las hojas soy», convertido en proverbio en la época clásica de Luciano de Samósata dice que fue un babilonio enviado a Grecia como rehén, (griego antiguo ὅμηρος, homêros), y de ahí su nombre.
(Pausanias transmite una tradición de los chipriotas, quienes también reclamaban para sí a Homero:
Dicen que Temisto, una mujer del lugar, era su madre, y que Euclo profetizó el nacimiento de Homero en estos versos:
Y entonces en la costera Chipre existirá un gran cantor,
al que dará a luz Temisto en el campo,4​ divina entre las mujeres,
un cantor muy ilustre lejos de la muy rica Salamina.5
Dejando Chipre mojado y llevado por las olas,
Cantando él solo el primero las glorias de la espaciosa Hélade
Será inmortal por siempre y no conocerá la vejez
Pausanias, Descripción de Grecia x.24.3.
Sin embargo, también se conserva el siguiente epigrama, atribuido al poeta helenístico Alceo de Mesene, en el que Homero protesta sobre su origen salaminio, y niega que se erigiera una estatua suya en esta ciudad y que su padre fuera un tal Demágoras:
Ni aunque el martillo surgir como Homero de oro me hiciera entre rayos flameantes de Zeus, soy ni seré salaminio ni el hijo de Meles lo será de Demágoras; ¡tal la Hélade lo vea! Con otro poeta probad; y mis versos vosotros a los Helenos, Musas y Quíos, cantadlos. ​
Acerca del lugar donde murió, existe una tradición atestiguada al menos desde el siglo V a. C. de que se produjo en la isla de Íos.
Pausanias recoge esta tradición y habla sobre una estatua de Homero que vio y un oráculo que leyó, en el Templo de Apolo en Delfos:
Puedes ver también [en el pronaos del Templo de Apolo de Delfos] una estatua de bronce de Homero sobre una estela y en ella leerás el oráculo que dicen que tuvo Homero:
                          Dichoso e infortunado, pues naciste para cambiar cosas,
Buscas una patria. Tienes una tierra natal, pero no una patria.
La isla de Íos es la patria de tu madre, que cuando mueras te recibirá. Pero vigila el enigma: de los jóvenes muchachos.
Pausanias, op. cit.. x. 24.
Además señala que:
Los de Íos enseñan también un sepulcro de Homero en la isla y en otro lugar uno de Clímene, y dicen que Clímene era la madre de Homero.



jueves, 12 de octubre de 2017

EL CID CAMPEADOR.- Don Rodrigo Diaz de Vivar. ( Documental )Canal Historia

EL POEMA DEL CID / EL CID CAMPEADOR/POEMA DEL MIO CID

ANA LUISA MORÁN

El poema de Mío Cid es el único poema épico castellano cuyo texto se conserva casi completo. Su redacción debe datar de la segunda mitad del siglo XII o primera del XIII, aunque se conoce a través de una copia posterior debida a Per Abad. El manuscrito es cuestión consta de  3.730 versos, en torno a las hazañas de Rodrigo Díaz de Vivar, vasallo del rey Alfonso VI de Castilla. Aunque en el documento nose consigna división alguna entre las distintas partes del argumento, pueden delimitarse tres apartados correspondientes a otras tantas situaciones: Cantar del destierra, Cantar de las bodas y Cantar de la afrenta de Corpes.
El Cantar del  Destierro se abre directamente con la desgracia de Rodrigo: la ira del Rey Alfonso VI le obliga a abandonar Castilla (quizás faltan las primeras páginas del manuscrito que explicaría las causas de esta situación). Precipitadamente se despide de su mujer e hijas, que quedan refugiadas en el Monasterio de Cardeña.
Sin apenas sostén económico, Rodrigo y un puñado de leales sobreviven en el destierro y obtienen los primeros éxitos contra los moros: primero Castejón y Alcócer y luego toda la zona de Teruel Zaragoza que se convierten en triibutarios del CId. Alvar Fañez Minaya sobrino del CId es enviado a Castilla a apaciguar la ira del rey Alfonso. 
En la corte Castellana las noticias de las batallas producen admiración y ciertos intrigantes desean utilizar el prestigio de Rodrigo en beneficio propio. Esto ocurre con los Condes de Carrión que se apresuran a pedir al Rey las manos de las hijas del Cid, Doña Elvira y DOña Sol. Como resultado, los infantes de Carrión acuden a Valencia, donde se celebran las bodas.
El Cantar de la afrenta de Corpes muestra la cobarde actuación de los infantes durante una batalla contra los moros. Consumidos por la vergüenza y las burlas de que son objeto, los de Carrión deciden desquitarse afrentando a las hijas en el robledal de Corpes. Rodrigo exige justicia del Rey, y este convoca a las Cortes en Toledo. Allí el honor de Rodrigo es reparado en un duelo y las hijas se casan honrosamente con los príncipes de Navarra y Aragón.

La mayor parte del poema goza del verismo histórico. Documentos de la época así lo prueban, la existencia de Rodrigo Díaz de Vivar, (1040-1099) perteneciente a la baja nobleza y lugarteniente de Sancho II de Castilla. Tras ser asesinado el rey en el cerco de Zamora Rodrigo, Mío Cid trabajó a las órdenes de Alfonso VI. 


Entrevista con Aurelio González sobre "Una larga edad media" y Jacques ...

I. Introducción

VIII. La literatura medieval